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Con cerca de 20 años de trayectoria como profesor y Asesor de Ciencias e Investigaciones de nuestro Instituto, Patricio Núñez, bioquímico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, realizó una reflexión en torno a lo que ha sido estar como encargado de los talleres de Ciencias y Robótica, resaltando que estos espacios son fundamentales para los estudiantes con inquietudes en las áreas mencionadas, donde se inspiran y desarrollan habilidades que a futuro los convierte en grandes profesionales.

Cada espacio de nuestro Instituto tiene una historia, donde han pasado generaciones de estudiantes con distintas habilidades y talentos, quienes se han convertido en excelentes profesionales, pero, para llegar a desarrollar aquellas capacidades, no hay que olvidar a los profesores y profesoras que han estado detrás, con disposición y amor por la enseñanza en aquellos lugares donde se exploran las ideas y desarrollan potenciales científicos o humanistas.

Hoy hablaremos de un espacio que nos invita a combinar fórmulas, explorar en la ciencia, a calcular y medir nuevas interrogantes, a crear y desarrollar técnicas y objetos con intelecto y lógica. Se trata de los laboratorios de nuestro Instituto, lugares por donde cientos de niños y jóvenes han pasado y que, durante 19 años, son recibidos por el profesor Patricio Núñez, responsable de los talleres de Ciencia y Robótica.

Con un trabajo ininterrumpido tras su llegada a la Familia Institutana en 2007, el profesor Patricio Núñez, confiesa que ha sido un privilegio acompañar a tantos estudiantes en sus primeros encuentros y en profundidad con la ciencia y la tecnología.

El profesor es bioquímico de la Pontificia Universidad Católica, formándose también, en microbiología, donde aprendió una sólida experiencia en el método científico y trabajo de laboratorio. Había dedicado sus primeros años de profesión a ser investigador en biología celular y molecular, pero no fue hasta su llegada a la educación escolar, donde encontró su verdadera vocación. “Transformar la ciencia académica en experiencias prácticas y significativas para niños y jóvenes, se convirtió en mi gran labor y orgullo”, comenta con ahínco, mientras en la sala de informática, se reúne con su grupo de Robótica a preparar formulas que le incrustan a la mente operativa de sus aparatos creados en el taller.

¿Qué aprenden los estudiantes en las actividades?

En nuestras sesiones, los estudiantes no memorizan fórmulas; aprenden a pensar como científicos e ingenieros. Los ejes principales son:

¿Cómo describiría equipo de Robótica y la dinámica que se forma en los talleres?

El Equipo de Robótica: talento, disciplina y pasión. Está conformado por estudiantes desde enseñanza Básica hasta Media, seleccionados no sólo por sus habilidades técnicas, sino también, por su compromiso, trabajo en equipo y capacidad de resiliencia, porque en robótica, como en ciencia, las cosas rara vez salen bien a la primera.

¿A dónde se han presentado con sus proyectos?

Han sido años de mucho esfuerzo en los que hemos trabajado en distintas técnicas, creaciones y buscando espacios para mostrar nuestros trabajos, porque queremos que nuestros estudiantes demuestren sus habilidades.

Hemos disputado torneos en distintos escenarios:

 Si pudiera detallar los trabajos destacados ¿Cuáles serían?

Son muchos los proyectos que han sido reconocidos, pero vale la pena mencionar los últimos que reflejan la calidad y el impacto de nuestra labor:

Son casi 20 años de trabajo en laboratorio, espacios que, de pronto no son tan visibles, pero que, sin duda, generan grandes experiencias para los estudiantes. ¿Qué reflexión piensa respecto de lo que es la labor en estos espacios?

Nuestro laboratorio de ciencias no es un aula tradicional. Es un espacio vivo, donde el error se valora como parte del aprendizaje y donde cada experimento es una pregunta que se hace realidad. Contamos con equipamiento para microbiología, química básica, biología y, por supuesto, un área dedicada a la robótica educativa, con kits Arduino, Mbot, Lego Mindstorms y diversos equipos que permiten a los estudiantes diseñar, programar y construir soluciones a problemas concretos.

No tenemos un «manual fijo»; trabajamos con metodologías de indagación científica, lo que significa que los estudiantes aprenden a observar, formular hipótesis, diseñar experimentos, analizar datos y comunicar resultados. Eso, que suena abstracto, en la práctica se traduce en que un niño de 10 años puede estar estudiando el efecto de la contaminación por litio en la germinación de plantas, o un adolescente programando un robot de rescate para competencias internacionales.

¿Por qué es importante esta área para el desarrollo intelectual de los jóvenes?

Vivimos en la era digital, donde la información está al alcance de un clic, pero también donde la desinformación y la superficialidad son amenazas reales. La ciencia y la robótica educativa no solo enseñan contenidos; enseñan un método, una forma de enfrentar el mundo:

Un joven que ha pasado por nuestro laboratorio no es el mismo que entró. Sale con herramientas para cuestionar, investigar, innovar y comunicar. Y eso, independientemente de si elige una carrera científica o no, le será útil para toda la vida.

¿Es posible decir que un taller de profundización marca la vida y proyecciones futuras para nuestros estudiantes?

Muchos de nuestros exalumnos hoy estudian ingeniería, biología, medicina, programación o pedagogía en ciencias. Pero, más allá de la carrera elegida, llevan consigo una mentalidad científica: saben preguntar, saben dudar y saben buscar respuestas. En un mundo donde la inteligencia artificial y la automatización están transformando todos los rubros, esas habilidades son más valiosas que nunca.

Nuestro desafío como equipo es seguir ampliando horizontes, llevar nuestros proyectos a más ferias internacionales y, sobre todo, seguir inspirando a las nuevas generaciones a maravillarse con el mundo natural y tecnológico que nos rodea.